lunes, 29 de junio de 2015

Me presento en la sociedad de las palabras (conocida como literatura).

Mi nombre "en la vida real", es Esteban Edgardo Rodríguez, pero en el universo literario, (debo decir que en los más alejados suburbios del universo literario), mi apelativo es "Mistered". Creo, parafraseando a Borges, que el pensamiento no es patrimonio de unos cuántos nombres ilustres. Todos, si así nos lo proponemos, podemos ejercer el maravilloso arte de pensar, pensar en términos amplios, abrevando en esta o aquella corriente o escuela de pensamiento, pero manteniendo la autarquía, la autonomía en el pensamiento que se traduce en una feliz espontaneidad, en la observación, elucubración, razonamiento y posterior conclusión, siendo esta conclusión siempre sujeta a posteriores revisiones, consideraciones, cuestionamientos y eventuales refutaciones. Las palabras pueden ser afilado escarpelo o dúctil pincel, depende de las cuestiones que estemos abordando. A mi me fascina la cuestión de los límites. ¿Cuándo un hecho, un fenómeno, un factor cualquiera, deja de ser lo que es para pasar a convertirse en otra cosa? Me suele pasar con las épocas; el tiempo arremolina sobre un núcleo llamado "época", circunstancias, lugares, personas, objetos, y, debido a un instinto que nos hace adaptarnos a lo que nos toca vivir, nos "aquerenciamos", con esa época, con sus modos, sus hábitos que nos confirman, hasta que el tiempo, que fluye sin cesar, va desdibujando a veces lentamente, a veces de modo brusco, esa época que "va siendo sido", y desde una nueva época, que llegó no sabemos bien cómo, nos damos cuenta de que empezamos a añorar la época pasada. "La palabra te lo dice", frase hecha, si las hay; bajo este título intentaré honrar ese maravilloso don de la palabra (todo lo que me sea posible), y plasmar "a mi manera", en forma de ensayos, cuentos, narraciones varias, poemas, todo lo que vaya sucediendo en "el universo real" "el universo literario" y por sobre todo en el universo interior, en ese "reino olvidado", que se extiende allende las palabras, en la inmensa región del espíritu, del que soy gozoso navegador.

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