miércoles, 1 de julio de 2015

Mis razones para creer en Dios.

Soy profundamente teísta, de hecho me defino a mi mismo como místico, pero no obstante esto no adhiero de lleno a ninguna religión en especial, si bien el hinduísmo, con su énfasis en el ser, el absoluto (brahman) y su marcado pacifismo desde siempre me ha atraído; así mismo, la figura de Jesucristo me resulta entrañable, con su espiritualidad tan exaltada. Soy lo que se denomina "deista", es decir, creo firmemente en la existencia de una Deidad gracias a una serie de razonamientos y consideraciones de índole lógica y filosófica. Este universo, con su vastedad consistente en trillones de soles y billones de majestuosas y elegantes galaxias, que tienen por asiento el mas intrincado plexo de leyes físico-matemáticas, entraña obviamente una inteligencia superlativa y trascendente. He aquí el comentario que hiciera en un video de youtube dónde se planteaban las razones del ateísmo: "Mas alla de toda denominación, yo soy teísta, y para afirmar mi creencia en un Absoluto, me valgo del "argumento del interruptor". Pensemos en "el campo de la existencia", es decir en la completud, en la totalidad de lo que tiene entidad, sea de la calidad que sea, en todo lo que fué, todo lo que es, todo lo que será...EL TODO. Ahora bien, si infinito es el campo de la existencia, (no se le puede poner límite, no hay un "cuantum de existencia") infinito sería pues el poder necesario para "apagar" el campo de la existencia, ergo infinito fué el poder que se necesito para hacer que "la existencia entrara en la existencia". Ese poder es inmaterial (el universo surgió, según los últimos descubrimientos, de una "nada" cuántica o primoridal), entraña inteligencia, desde el momento en que de esa nada primigenia surgió un universo precisamente diseñado, tanto a escala microscópica como macroscópica, es eterno (a la nada no le caben parámetros de espacio/tiempo), y denota un todopoder, en vistas de la inconcebiblemente colosal manifestación cósmica que de esa "nada" surgió. Inmaterialidad, infinitud, eternidad, todopoder...si no quieren ponerle "Dios", ponganle el nombre que quieran, pero convengamos que el universo tuvo un orígen francamente sobrenatural toda vez que antes de su creación NO HABÍA NATURALEZA, NO HABÍA NADA MATERIAL Y NO OPERABAN LAS LEYES DE LA FÍSICA/LOGICA. El asunto de "quién creó a Dios", se resuleve si consideramos que la función lógica causa/efecto, sólo tiene aplicación en el contexto del espacio/tiempo. Fuera del universo existe un continuo de no-tiempo, y por ende, sea lo que sea que estuvo alli antes de la creación del universo era libre de toda relación de causalidad, es decir que el primer motor, la causa generatríz de todo cuánto existe  simplemente desde siempre estuvo "alli", si cabe aplicar el adverbio de lugar en el no lugar, en la eternidad.".

martes, 30 de junio de 2015

Bitácora

Desde el momento en que "blog" significa "bitácora" o "diario", pienso hacer de estas entradas, al margen de un modo misceláneo de presentar el conjunto de mis intereses, ya sea, ensayos o micro ensayos, cuentos, poemas; precisamente un diario donde en principio no registraré asuntos de estricta índole personal, sinó más bien los pensamientos que sobre diversos tópicos me vayan aflorando. Como todo ser humano que acomete la no siempre fácil (pero siempre apasionante) tarea de pensar o de tratar de pensar, veo mezclados mis propios pensamientos con ideas obtenidas de sucesivas lecturas y a veces no se con exactitud dónde está el límite entre lo que pienso debido a mis pensamientos propiamente dichos y lo que he "tomado prestado" de los grandes pensadores cuyos textos he ecudriñado con fruición. Toda persona pensante ha tenido su "revelación" o revelaciones en cuánto a autores se refiere. Yo no sé hasta qué punto puedo autodenominarme pensante, pero mi revelación, mi antes y después literario y por qué no, personal, ha sido el descubrimiento de un antiguo diario: El diario de Henry David Thoreau. Nunca me olvidaré del día en que mi mamá me trajo un extracto de este diario llamado "Un filósofo en los bosques", como un obsequio de mi cuñada. Algo había escuchado sobre Thoreau, me interesaba su figura porque al igual que yo, había sido vegetariano (yo soy estrictamente vegano), pero nada más sabía acerca de su persona. Cuando me asomé a la lectura de este verdadero venero de pensamientos simplemente quedé extasiado. Cientos y cientos de muy luminosos pensamientos, ensartados como perlas en el hilo de su prosa esclarecida; apenas podía creer que un sólo individuo fuera capáz de generar tantos pensamientos y de transmitir tantas sensaciones. Entonces adquirí o mejor dicho acentué el hábito de levantarme muy temprano a los efectos de disfrutar de la nectárea lectura del diario de Thoreau al influjo del maravilloso silencio que impera en la madrugada. "Prestemos atención a las horas del universo y no a la de los trenes", era el lema que presidía esas seciones de lectura y yo estaba seguro de que al plasmar Thoreau este pensamiento estaba experimentando algo muy parecido a lo que yo sentía en medio de la alta noche "sólo y conmigo" (la cita es de Borges), experimentando el lento gravitar y el silencioso discurrir de esas horas de íntimo coloquio conmigo mismo o con mi propia alma. "El pensamiento reconoce al pensamiento por sobre la inmensidad del tiempo y del espacio por sus signos tan evidentes como los de una masonería". Yo daba fé de esto contactando tán vívidamente con el pensamiento de este genio de la literatura, plasmado a mediados del siglo diecinueve. Thoreau se sentía muy cómodo consigo mismo y esa es la impresión que comunica a su lector. Yo me identifico con este sentir ya que estoy a mis anchas contactando con mi propio ser. No necesito de ruidos o de distracciones para llenar vacíos porque que mi alma no tiene huecos sinó espacios, vastas extenciones parecidas a los golfos etéreos donde relumbran millones de estrellas.

lunes, 29 de junio de 2015

Pensativo de ti (poema)

Va de a poco la noche clausurando mis vigilias,
en palpitante almohada de tus senos,
reclino mi cabeza pensativa de ti.
¿No es cierto que tu amor y mi amor
conjugan con los latidos
de tu corazon al borde del mio
tiempos, tiempos, eternidades?
aun no han rodado las ondas del ensueño,
sobre mi alma abismada en tu alma,
tu respiracion es un leve arrullo,
pues aniñado estoy al filo de tu falda.
Llena, candorosa muchachita, mi vesania,
de locuras nuevas que te repitan,
hasta el infinito, infinitamente,
infinitecimalmente juntos,
como al borde de un incierto,
misterio que nunca se revela.
Claror de ojos en que se quiebran
enjoyadas lagrimas de amor furtivo,
hoy en ti se arremansa la ternura,
como palomas heridas de luz,
como el intimo abrazo medular,
del arbol y de la hiedra.
amada mia, ondas de olvido quiero,
de tu querer sincero.

Encontrarse a si mismo

"El ser humano es un misterio que se cree su propia revelación", escribí en un poema. Hace mucho que he escrito esta frase y cada día creo más en ella, y este pensamiento tiene directa correlación con otro que vino a mi mente mientras paseaba por las vistosas calles del barrio porteño de Caballito: "Lo conocido no es más que un misterio al que estamos acostumbrados". De lo cual cabe colegir que nuestras respectivas personas son profundos misterios al que no obstante esto estamos acostumbrados; ya sea porque creemos habernos encontrado a nosotros mismos o porque simplemente, inmersos en la rutina, no nos preguntamos demasiado respecto a nuestro ser último. No refluir sobre la propia esencia en busca de nuestras raíces más profundas es una especie de sueño, sueño deletéreo, toda vez que si no estamos en ese estado de preguntarnos permanentemente quienes somos, seremos aquellos a quienes condicione el entorno, el cual está a su vez gobernado por una elite que rige los destinos del mundo, a la que obviamente le conviene que las personas esten lo más dormidas posible. "Sólo alborea el día para el que estamos despiertos", dijo Henry David Thoreau. Si permanecemos sumidos en el sueño de la apatía y el  conformismo dificilmente podamos tener pensamiento autónomo..."masticaremos lo ya masticado" en cuanto a absorber o asimilar pensamientos predigeridos por las mentes que tras bambalinas son las que de verdad regulan nuestras vidas, a menos que nos plantemos firmemente decididos a pensar por nosotros mismos.

Yo soy el que soy (micro ensayo teológico)

Cuando Moises se encuentra por vez primera con Dios, le pregunta por su nombre y la Deidad le responde: "Yo soy el que soy". A Jorge Luis Borges le fascinaba este "nombre" de la divinidad. "Yo soy el que soy" es decir el ser de seres, el ser de todo cuando tiene ser, de todo cuánto tiene entidad. Esta forma en que Dios se nombró a si mismo, nos remite directamente a la eternidad. Se supone que la eternidad es la cesación del transcurso espacio/temporal. El "río" del tiempo por fin desagua en el mar del no tiempo, en lo eterno. El tiempo gramatical y existencial de Dios es el presente simple "Yo soy", ontológicamente hablando, este presente simple se corresponde con la eternidad, con el no flujo del tiempo, con un continuo presente, en tanto que el tiempo gramatical y trascendental que nos corresponde a los que estamos inmersos en el devenir del tiempo es el gerundio, nosotros "estamos siendo", sólo Dios "es", nosotros venimos a ser, ya que el tiempo nos modifica a cada instante. En el universo material, todo fluye, todo es modificado por el transcurrir del tiempo, pero allende la actividad cósmica y su resultante mas inmediata; el tiempo, se extiende un "oceano" de no-tiempo. Esta eternidad es infinita, pues por definición lo eterno no acaba nunca. Es en esta eternidad en la que podemos hallar a Dios, según la Biblia El es "El Rey de la Eternidad", no habiendo sido creado una vez, jamás tendrá fin. Los ateos declarados no saben que hacer con conceptos como "eternidad", "infinito", y otros términos que denoten la inexistencia de límites. No podemos concebir el infinito sin remitirnos a la idea de Dios, pues lo infinito abarca todo cuánto nos es dable imaginar, desde el átomo y el microcosmos de partículas subatómicas hasta un poder omnímodo, responsable de todo lo creado, poder este innegablemente inteligente, dado que del mismo emergío un cosmos altamente ordenado, omnipotente, en vistas del universo que creó, y eterno, toda vez que se halla ubicado fuera del tiempo. Este razonamiento difícilmente pueda ser rebatido por ateo alguno, y conlleva inevitablemente la idea de una Deidad todopoderosa. Rechazarla no disminuye Su Divinidad. En todo caso disminuye nuestro cuántum de inteligencia en el sentido amplio de este término.

Mi amor primero (poema)


Yo navegaba el patio de la escuela,
encrespado mar aniñado de guardapolvos blancos,
traspasado de melancolias,
desbocado corazon de niño enamorado,
del amor, de la poesia;
en el calendario no se marcar el dia
que abruptamente emergio ella,
como una fuente en medio de la sed
sed de idealidades a flor de labios ateridos;
fue verla y verme abrumado
por el amor mas puro, fuerte como un licor añejo,
me dije, resiste los enbates del amor,
jamas te animaras a vibrar en palabras
claras como la nieve este amor sagrado,
que otros se abismen en el numen,
que retemblar hace a los dioses,
tu huye, vuela mas lejos que las alas
de un amor que te hara consumir en ascuas;
pero no pude doblegar el corazon que imperativo
grito tan alto que aturdio a mi mente;
ella fue de ahi en mas la clara razon
de mi vida oscura, que siempre viro hacia lo gris,
bella era a mis ojos, mas no se si a miradas ajenas,
solo puedo decir que me quemaba el amor que como llamas
brotaba de mi alma enamorada.
Pasaban raudos los dias,
era mi ultimo año en la blanca escuela,
mi maestra, de quien me hubiese enamorado
de no haberle entregado mi corazon a mi niña de los 13 años,
algo advirtió de mi melancolía, pues me decía:
Esteban, intenta jugar con niños que te reclaman,
estas muy solo, date a la risa,
mas yo me desgarraba pues los relojes
coincidian todos en la tacita sentencia,
de no verla mas, de que llegara fatal el dia
ultimo de clases, que la alejaria por siempre
de mis tristes ojos, solo iluminados por su belleza.
En las tardes inciertas de esta vida que navego
sin la brujula de la razon,
a veces me pregunto por que recondito motivo
nunca le dije de mi amor a mi amor
primero, que inauguro latidos de pasion,
solo se que en el albor de la fecha fatal
no me anime a ver nuestro ultimo dia
y me quede solo en mi cama
derramando lágrimas sobre la almohada amiga.

Dos almas (poema rimado)

Tu boca es el destino manifiesto,
de mi boca que rima con tus labios,
en silente poesía. Si funesto,
mi destino fué hasta ahora, resabios,
de tristes recuerdos con tu beso,
quiero curar, para siempre y bienhechora,
emoción me hunde en embeleso,
en el punto exacto en que esta hora
se hace eternidad. Mi bienamada,
¿qué hondo sortilegio ha permitido?
a dos almas humanas la abismada
suerte de sentir cual ángeles transidos,
la emoción que en el elíseo destella,
ya la Tierra nos va quedando pequeña,
de la mano te llevaré a una estrella,
donde no se disipa lo que sueña,
el corazón henchido de pasión,
veo este amor eterno, radiante,
enhebrar de los versos su canción.
y hacerse la chispa de un instante.
A tu nombre le arranco melodías,
infinitas cuando al mirarte lo pronuncio
como creándote con la palabra que un día,
fué de Dios su más esperado anuncio.
El cielo dejo caer el prístino nombre,
que te preside y que te circunscribe,
en ecos de amor; nunca un hombre,
venero más el sonido que se escribe,
a fuego en el corazón enamorado;
un nombre de mujer es un poema
de una sóla palabra, es hechizado,
sonido, es el abanderado lema,
de un idilio que en la noche arde,
como ascuas, como un sagrado fuego,
cuando los cuerpos, que en la tarde,
castamente separados, en un juego,
delicioso, ante la gente estaban;
en el abismo de la madrugada se entrelazan,
uniendo piel y alma, que deseaban,
desde el origen de los tiempos que pasan,
alcanzar la eternidad en un abrazo,
urgente, ardiente, de inflamado eros,
en los golfos etereos de tu regazo,
silente te voy diciendo cuánto te quiero.
en palpitante almohada de tus senos,
apoyo mi cabeza pensativa de ti,
este amor me hace más bueno,
es lo más bello que alguna vez sentí.