martes, 30 de junio de 2015

Bitácora

Desde el momento en que "blog" significa "bitácora" o "diario", pienso hacer de estas entradas, al margen de un modo misceláneo de presentar el conjunto de mis intereses, ya sea, ensayos o micro ensayos, cuentos, poemas; precisamente un diario donde en principio no registraré asuntos de estricta índole personal, sinó más bien los pensamientos que sobre diversos tópicos me vayan aflorando. Como todo ser humano que acomete la no siempre fácil (pero siempre apasionante) tarea de pensar o de tratar de pensar, veo mezclados mis propios pensamientos con ideas obtenidas de sucesivas lecturas y a veces no se con exactitud dónde está el límite entre lo que pienso debido a mis pensamientos propiamente dichos y lo que he "tomado prestado" de los grandes pensadores cuyos textos he ecudriñado con fruición. Toda persona pensante ha tenido su "revelación" o revelaciones en cuánto a autores se refiere. Yo no sé hasta qué punto puedo autodenominarme pensante, pero mi revelación, mi antes y después literario y por qué no, personal, ha sido el descubrimiento de un antiguo diario: El diario de Henry David Thoreau. Nunca me olvidaré del día en que mi mamá me trajo un extracto de este diario llamado "Un filósofo en los bosques", como un obsequio de mi cuñada. Algo había escuchado sobre Thoreau, me interesaba su figura porque al igual que yo, había sido vegetariano (yo soy estrictamente vegano), pero nada más sabía acerca de su persona. Cuando me asomé a la lectura de este verdadero venero de pensamientos simplemente quedé extasiado. Cientos y cientos de muy luminosos pensamientos, ensartados como perlas en el hilo de su prosa esclarecida; apenas podía creer que un sólo individuo fuera capáz de generar tantos pensamientos y de transmitir tantas sensaciones. Entonces adquirí o mejor dicho acentué el hábito de levantarme muy temprano a los efectos de disfrutar de la nectárea lectura del diario de Thoreau al influjo del maravilloso silencio que impera en la madrugada. "Prestemos atención a las horas del universo y no a la de los trenes", era el lema que presidía esas seciones de lectura y yo estaba seguro de que al plasmar Thoreau este pensamiento estaba experimentando algo muy parecido a lo que yo sentía en medio de la alta noche "sólo y conmigo" (la cita es de Borges), experimentando el lento gravitar y el silencioso discurrir de esas horas de íntimo coloquio conmigo mismo o con mi propia alma. "El pensamiento reconoce al pensamiento por sobre la inmensidad del tiempo y del espacio por sus signos tan evidentes como los de una masonería". Yo daba fé de esto contactando tán vívidamente con el pensamiento de este genio de la literatura, plasmado a mediados del siglo diecinueve. Thoreau se sentía muy cómodo consigo mismo y esa es la impresión que comunica a su lector. Yo me identifico con este sentir ya que estoy a mis anchas contactando con mi propio ser. No necesito de ruidos o de distracciones para llenar vacíos porque que mi alma no tiene huecos sinó espacios, vastas extenciones parecidas a los golfos etéreos donde relumbran millones de estrellas.

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